Por: Carolina Trigos Pérez
¡Libertad de prensa!, es la primera frase que reza en el preámbulo del código de ética dictaminado por el Círculo de Periodistas de Bogotá, y refuerza con el siguiente complemento: “Es premisa básica para que la sociedad tenga conocimiento veraz y oportuno de la realidad. Por lo tanto, debe ser mantenida a salvo de toda intrusión o coacción de cualquier forma de interés o poder, sea público o privado, económico o político”. Y es entonces donde muchos cuestionan, la forma cómo se maneja la información, buscando una respuesta que les brinde un indicio del lugar al que se han ido todos los valores éticos que se supone tienen los periodistas de hoy, pero sobre todo un compromiso que se adquiere al aceptar ejercer el periodismo como profesión: “la responsabilidad social”.
En medio del gran debate que por años se ha mantenido en la realidad que afrontan los periodistas, que durante el transcurso de la historia de este país se han atrevido a denunciar, cumpliendo con su función de Responsabilidad Social en la que prima el interés común antes que el individual: muchos han sido amenazados, y victimizados por diversos poderes, políticos, económicos y grupos subversivos. Para nadie es un secreto, es una realidad latente de la que muchos periodistas se sienten coaccionados de su labor de informar a la sociedad, de generar opinión pública y de sacar a las personas de la alienación y el control que quieren ejercer sobre ellas los principales entes y grupos influyentes del país.
Así es como la censura se ha apoderado de las diferentes empresas periodísticas que como dice Carlos Piñeros Vicepresidente del CPB, “ya no ejercen la libertad de prensa si no libertad de empresa”, porque se continúan acallando las voces de los periodistas que quieren decir la verdad.
No obstante, es imprescindible mencionar un particular caso que los medios no dieron a conocer, y que se presenta con la polémica surgida a raíz de la presencia de la multinacional Greystar en territorio santandereano.
Un periodista fue víctima de la censura a una nota ambiental que elaboró para el periódico El Frente de la ciudad de Bucaramanga, que involucraba a esta empresa y exponía los daños que están causando a las cuencas hídricas del territorio, a los ecosistemas, entre los que se encuentran la deforestación, y magnos daños ecológicos a la fauna de los sectores en los que la empresa está llevando a cabo las exploraciones, como el páramo de Santurbán, con bombas de cianuro y explosivos anfo.
Hacia finales del mes de noviembre del presente año, circuló un correo electrónico en el que se mencionaba el atropello al que estaba siendo sometido el pintor y columnista del diario El Frente, Claudio Beltrán Quezada, y mostraba la nota completa que había redactado para ser publicada por este medio. Claudio escribía la columna ambiental para este diario desde hace dos años.
El director del medio de comunicación impreso, Rafael Serrano Prada, uno de los periodistas santandereanos con mas trayectoria en los medios informativos, le comunica abiertamente la decisión de no publicar la columna en la que el periodista cuestionaba el otorgamiento de licencias a Greystar. Esta decisión llevó al columnista a renunciar, refutando que la posición tomada por el director le parecía que carece de objetividad y se muestra totalmente parcializada, cuando se supone que el periodismo debe enfocar ambos lados del conflicto. Esta situación llamó la atención de un periodista de Caracol Radio quien le entrevistó, y de inmediato el CPB se pronunció ante esto ubicando a Rafael Serrano, quien finalmente aceptó publicar la nota en el periódico.
Precisamente ese es el grito desesperado que emiten quienes realmente se sienten comprometidos con el periodismo veraz y objetivo, quienes llevan en las venas la pasión de ser voceros de la sociedad, aquellos que de la misma forma que Daniel Coronel, Holman Morris, y Jaime Garzón entre muchos otros, se han arriesgado a vivir en el exilio o incluso han sido brutalmente asesinados (como el caso de Jaime Garzón), todo por defender la verdad y darla a conocer a la sociedad, por cumplir esa función fiscalizadora del gobierno y de los entes poderosos del país que corroen todos los sectores y esferas sociales, que expelen ese humo venenoso encegueciendo a toda una nación, culminando en el esplendoroso aplauso a los que más daño han causado al pueblo.
El compromiso ético adquirido por un profesional de comunicación al ejercer en el periodismo es muy claro, el tratamiento a la información debe ser objetivo e imparcial, pero debe ir mas allá de los simples hechos, debe investigar como lo dicen Patricia Arango y Elena Dangón en su libro “Periodistas Pilas con la niñez”, generar opinión pública, pero cada vez el trabajo del periodista es limitado, reducido a la mínima expresión de lo trivial, de lo banal. Los medios de comunicación colombianos y del mundo entero se han transformado, se han dejado contaminar por las nuevas formas de ‘desinformación’, porque evidentemente el contenido informativo se ha perdido y cada vez los intereses económicos y políticos entorpecen una labor periodística con criterio y buena investigación.
El sensacionalismo, el amarillismo, y la noticia diaria contada a la carrera son el pan de cada día en los informativos, los temas light cogen más fuerza y la saturación de este tipo de programas en canales privados es tal que ocupa la mayor parte de los noticieros relegando una pequeña porción de tiempo a las noticias del día.
Razón tiene María Jimena Duzán cuando comenta que el sensacionalismo y la falta de investigación de la televisión se están apoderando de la prensa escrita. Desde hace algunos años, cuando se otorgaron las concesiones a los canales privados colombianos, comienza una época de transformación hasta llegar como lo dice Sandra Moreno en su texto “La trivialización de los medios informativos”, a: “Una televisión que no informa, a la que no se le cree, que no forma opinión, que no da que hablar, ni que pensar, ni que proponer, es una televisión que no cumple con su real función dentro de una sociedad”.
Los intereses de los grupos influyentes del país se sobreponen ante los interese colectivos de la sociedad, la trivialización de esos medios ha cambiado las diversas esferas de la opinión pública, los debates hoy se centran en el reality de turno. Esto está convirtiendo a las personas en “zombies” con criterios que se han ido desvaneciendo para contagiarse del sensacionalismo de las pantallas y de los medios.
Pero, ¿dónde ha quedado el compromiso del periodista con la información?, ¿hacia dónde se han ido sus valores éticos y profesionales?, ¿dónde está la pasión de luchar contra la mentira y la injusticia?
Razones podrían haber muchas, pero ninguna justifica la censura que están sufriendo los periodistas y más cuando se trata de temas tan trascendentales. Los profesionales de hoy se autocensuran y lo que es peor aún censuran a sus propios colegas como ocurre con el caso de Claudio Beltrán.
“Se le hace trampa a la responsabilidad social, como ingrediente de la libertad de prensa, cuando hay interés en juego en la producción de noticias”, como lo expresó Carlos Piñeros, durante el encuentro de medios y Responsabilidad Social, en el que también se comenta acerca del nuevo reto para la sociedad, de saber discernir la responsabilidad social en los diferentes campos, en empresarios, políticos, periodistas y medios, pero lo más importante, como lo dijo en el mismo evento el Padre Gabriel Jaime Pérez Vicerrector de la Universidad Javeriana de Cali, “se debe educar a ciudadanos: responsables, éticos y con principios morales e implementar políticas que midan la gestión de esos impactos de Responsabilidad Social que se generan al interior y exterior de los medios”.
Además de esto es importante que cada sector reconozca su rol y lo respete, se trata de saber diferenciar cuál es la Responsabilidad Social del medio, y su interés, así mismo tener claro la del periodista y su rol de compromiso con la sociedad, de igual forma respetarlo, sin apoyar los intereses comerciales con propósitos desdeñosos que se anteponen cuando un periodista va a publicar una nota.
Finalmente, como lo aseveran Patricia Arango y Elena Dangón de forma radical “La responsabilidad del periodista para desempeñar su función debe estar por encima de la del medio de comunicación”. No más censura a los periodistas comprometidos con su profesión y con la comunidad.
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